lunes 12 de noviembre de 2007

Una nueva vida. Ep. 1. El predictor o ¿porque no me puedo guardar este secreto?


Previo: Es obvio que omitiremos todos los farragosos detalles previos al momento del Predictor.

Nos encontramos en uno de los momentos esos que te ponen tan nervioso que no sabes que cara poner. Claro que estas contento si sale positivo, pero ¿y si sale negativo? ¿que cara pones? y ¿que dices?.
Pero este no fue el caso, realizamos esa fantástica prueba en la que sale una rallita de color (no, lamentablemente no quiere decir que si sale Rosa es niña y si sale Azul es niño, para eso todavía falta de tiempo) y nos dió positivo. Es decir, en un periodo de unos siete meses (more or less) tendríamos un nuevo ocupante de la casa (no la de GH, porque a este todavía le falta para poder salir en Interviú). La alegría y el desconcierto te inunda de igual forma (dónde coño está el manual del marido de la parturienta, porque del embarazo hay la ostia de libros, pero del cónyuge pardillo no hay ni uno).

Y se abre una nueva puerta, la de intentar crear un momento novedoso en la comunicación de la nueva sorpresa, intentar no soltarlo nada más abrir la boca, intentar que esa sonrisa que te corre de oreja a oreja no se note mucho ("no ..., que va ..., si yo soy la ostia guardando secretos").

Llegamos a casa de mis padres, a casa de la "señora de la casa", a casa de periquito, de joselito (como ponga toda la familia no termino la entrada en la vida), amigos ... Y precisamente ese día, por arte de magia (o más bien por la ya citada cara de gilipollas que tienes), todo el mundo te pregunta "¿Bueno, y cuando nos vas a hacer tios, abuelos, primos para mis niños, bisnietos, presidentes del Barça, chupadores de candados, ... Y entonces, tú intentas decir un "pues no te queda ná" o un "que yo sepa va para largo" o "para eso hay que intentarlo", yo que sé. Pero no, en ese momento lo único que se te ocurre es mirar a tu pareja y ella mirarte a ti y, por supuesto pagar con la cara (a alguno si que le engañemos un poco, pero la verdad que no creo que pasaramos de 10 minutos).

Pero lo peor está por llegar, una vez has abierto la brecha, ya no puedes parar de decirlo a todas horas y a todo el mundo: en el trabajo, en el autobús, etc. y la cosa acaba deparando en paranoia tal que un día vas a comprar el pan y pides una barra de cuarto porque vas a ser padre o pides en la droguería (la buena, la de los productos de limpieza) que te de un líquido para fregar el suelo especial para embarazadas (pero esto de los productos lo dejo para más adelante que también tiene lo suyo).

Bueno, espero que el segundo episodio no tarde tanto como el primero y que quien ha esperado por ellos no se sienta decepcionado y viva su propia serie.

2 comentarios:

John, copy me that... dijo...

De igual modo que los tiburones huelen la sangre, la familia huele la complicidad silenciosa de quienes acaban de acudir a la primera ecografía exploratoria (ese momentaso post-predictiriano).
Eso es así, y los maños veranean en Cunit. ¿Porqué? Porque es así...

John, copy me that... dijo...

Salou, quería decir Salou. ¿Si o que?