Este post está más que justificado por ese ansia nuestra a no conocer nuestro entorno, a no saludar al vecino, salvo que lo veamos dentro del bloque (aunque se nos cruce cada mañana), a poner cara rara cada vez que vemos una convocatoria de la reunión de vecinos; a no saludar a todos los del bar que almuerzan cada mañana con nosotros (pero no en la misma mesa), etc.
Es decir, vivimos en un mundo cerrado e impersonal. Para muestra un botón:
Todos hemos tenido alguna vez que hacer una (en mi caso varias) llamada o visita a alguien. En el caso de las visitas utilizamos ese "el fin de semana que viene, que este tengo que ponerme al día" y en el caso de las llamadas ese "llamo a la noche". En resumen, a la cuenta pendiente o a la lista de los "luego", con lo que uno acumula dos cosas, uno, una lista tremenda de amigos/as que son conscientes que eres un auténtico impresentable, dos, el conocimiento puro de que cada vez que vayas a un sitio o llames necesitaras de 10 a 15 minutos para disculparte (que menos). Pero siempre nos quedara eso de que a quien se lo comunicamos ya nos conoce y no hace falta explicar más.
La cuestión es que nunca sabemos como o quien es alguna de esas muchas personas que nos cruzamos por la calle o que viven cerca de nosotros, que trabajan cerca nuestro, etc. Puede que estemos ante auténticos genios del deporte, del conocimiento (si, soy consciente que prácticamente todo el que lo lea estará pensando en psicópatas y tal, el optimismo por encima de todo) o de cualquier afición más o menos importante i/o interesante.
En resumen, cada mañana nos perdemos conocer millones y millones de cosas interesantes por el mero hecho de ser maleducados. Tu verás lo que haces, yo a partir de ahora voy a saludar y a preguntar a todo el mundo que me cruce por la calle.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

2 comentarios:
Rul, Rulete, Rulito. Apiádate de tu atribulado amigo y concédeme sopesar cuanto aquí te digo:
Si te pones a saludar y preguntar a todo aquel que por la calle te cruces, lo más probable es que el transeunte te tome por delirante demente, por yonki pur (evidentemente no me refiero a ninguna festividad judia), o por ambas cosas.
No solo nada lograrás con ello sino que, a la postre, mellarás irremediablemente la reputación de persona cuerda y cabal que entre tus vecinos puedas haber atesorado (la poca, claro está).
Por tanto deja en paz al vecino desconocido, que bien goza de su anonimato, e invita a un ponche este conocido amigo tuyo, que tiene muchas cosas que contarte. ¿Que tal mañana?
PD: El anterior comentario tenía una falta ortográfica imperdonable. Una vez rectificado, te lo dejo con las perdonables.
Publicar un comentario en la entrada